Quizás irysler tenga algo de razón. Esas super tarjetas tienen precios tan prohibitivos que el mercado al que están dirigidas es muy limitado. Por otra parte, desarrollar esas tarjetas sienta las bases del abaratamiento de los fututos chips y del desarrollo de nuevas tecnologías. Y por otro lado está el tema de la imagen de marca y la competencia: aunque no vayamos a vender ni una, a ver quien saca la tarjeta más brutal del mercado que reviente todos los benchmarks y sea producto recomendado en todas las revistas…

