El cuerpo no distingue entre la realidad virtual y el mundo real.


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    EL PERIODICO DE CATALUÑA.

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    9/4/2007 Edición Impresa

    CIENCIA

    El cuerpo no distingue entre la realidad virtual y el mundo real

    1. • La UPC estudia la psicología de los torturadores en entornos inventados
    2. • Métodos parecidos se utilizan para tratar enfermedades como la anorexia y las fobias

    MICHELE CATANZARO
    BARCELONA

    Las torturas en las cárceles iraquís, la agresividad asociada al fútbol, el terrorismo suicida… Es difícil entender las motivaciones psicológicas de actos de violencia extrema como estos. Sin embargo, la realidad virtual ofrece la inédita posibilidad de recrear estas situaciones en un laboratorio y observar de manera controlada las reacciones de las personas. Esta opción se ha abierto gracias a un experimento llevado a cabo por un equipo del Laboratorio de Realidad Virtual de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC): el cuerpo, según demuestra un trabajo del investigador Mel Slater, reacciona en un ambiente virtual como si fuera real.
    Slater ha reproducido en un entorno virtual un experimento que el psicólogo Stanley Milgram llevó a cabo en los años 60, hasta que las controversias éticas que desató hicieron que se interrumpiera. En el experimento, un voluntario (el maestro) formulaba unas preguntas de lógica a otro (el estudiante) y le suministraba una descarga eléctrica si este contestaba de forma errónea. Cada vez que el estudiante se equivocaba, un experimentador instaba al maestro a que subiera la intensidad de la descarga. Durante el experimento, la mayoría de los maestros llegaron a suministrar descargas potencialmente letales pese a los gritos y súplicas del estudiante. En realidad, este era un cómplice del experimentador y las descargas eran ficticias.

    OBEDIENCIA CIEGA
    El objetivo no era estudiar el aprendizaje, sino averiguar a qué extremos se puede llegar por obediencia ciega a una persona con autoridad, como era el experimentador para los voluntarios. Se-
    gún Milgram, sus observaciones podían explicar por qué individuos normales pueden participar en actos execrables, por ejemplo el exterminio judío, en una sociedad como la Alemania nazi. El experimento se interrumpió porque era inaceptable engañar a los voluntarios respecto a sus finalidades. "Sin embargo, no es necesario mentir", opina Slater, investigador ICREA en la UPC. "Con nuestro experimento hemos averiguado que, aunque los participantes sepan que lo que les envuelve es pura ilusión, sus reacciones instintivas son parecidas a las que tendrían en una situación real", añade.
    En el experimento, los voluntarios entran en una sala que reproduce el estudio de Milgram, con un estudiante virtual proyectado en una pantalla. "Aunque sabían que era ficticio, seis voluntarios rechazaron suministrarle descargas intensas, algunos intentaron ayudarle repitiéndole las preguntas y otros llegaron a preguntar si se encontraba bien". Las variaciones de frecuencia cardiaca y conductancia de la piel de los participantes confirman que el estrés y la ansiedad padecidos son similares a los de una situación real. "No hace falta crear personajes muy realistas. Con que tengan tamaño humano, miren directamente a los ojos y tengan un mínimo de expresión facial, el cerebro del voluntario genera una ilusión de realidad".

    EDIFICIO EN LLAMAS
    Slater ya está utilizando este recurso para analizar las reacciones de individuos en situaciones de pánico, como la evacuación de un edificio en llamas. Planifica también aplicarlo para estudiar la violencia callejera. "Por medio de la realidad virtual, una persona que padece claustrofobia puede entrar en una habitación de grandes dimensiones y luego reducirlas poco a poco", explica Cristina Botella, psi-
    cóloga de la Universidad Jaume I de Castellón, que utiliza la realidad virtual en la psicoterapia. "De esta manera, puede abordar su problema en un entorno controlado y entrenarse poco a poco a estar en espacios cada vez más pequeños. Asimismo, una persona que padezca anorexia puede interactuar con el cuerpo de un álter ego virtual y averiguar cómo cambia cuando ingiere una pizza o una hamburguesa".
    José Gutiérrez Maldonado, de la Universitat de Barcelona, ha desarrollado aplicaciones para el miedo al vuelo e incluso a los exámenes universitarios. "Los tratamientos no son más exitosos que los tradicionales --aclara Botella--, pero producen menos aversión, porque el paciente sabe que todo está bajo control. De momento, se desarrollan solo en universidades y centros privados, pero estoy convencida de que pronto llegarán a la Seguridad Social".





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